Infierno de Helpers

Hace unos días, trabajando en algo de React, me di cuenta de que ya van dos proyectos en los que veo que hay helpers por todas partes, y a veces llegan incluso a la etapa de code review, con discusiones sobre si un método, clase o archivo debería llamarse helper o no. Suele ser fastidioso.
Buscando un poco en Internet para ver si esto era algo que solo me había tocado a mí, encontré que, al parecer, es más una conveniencia para evitar caer en el otro rabbit hole: no saber cómo nombrar las cosas a la hora de programar.
De los veinte minutos que invertí en buscar un poco, encontré un post en Reddit que menciona que el posible problema es que expresamos directamente nuestros propios modelos de pensamiento en los nombres que damos a las funciones. No hay nada de malo en eso, pero puede llegar a limitarnos.
Estoy de acuerdo con ese argumento. Hay ocasiones en las que las discusiones giran únicamente en torno a cómo nombrar algo. No digo que nombrar las cosas sea algo malo; lo que nos limita es que esos pequeños bloqueos nos apartan de lo que realmente importa en el código que programamos:
el business logic
El business logic es lo que nos permite diferenciar si los requerimientos están bien expresados en líneas de código, no los nombres que les damos a las variables. Los buenos nombres, la clara expresividad en el código, la aplicación de patrones de diseño y, en general, la experiencia que tenemos—ya sea trabajando o incluso en una ida al parque con la familia, con amigos, en una fiesta bien organizada, etc.—son los elementos que realmente aportan valor.
Lo que se nos hace monótono del trabajo hoy en día no es el trabajo en sí: hay problemas entretenidos y diversos, no hay un día igual al anterior. Lo que sí genera obstáculos mentales, tanto en los equipos de trabajo como en nosotros mismos, son estas limitantes sutiles.
Por eso, aquí les dejo una lista de buenas prácticas que podemos aplicar, empezando por dejar de llamar “helpers” a algo que, en realidad, son funciones.
Personas antes que nosotros, a través de libros como Clean Code, Clean Architecture y otros más, ya lo han expresado: hay que hacer las cosas simples. Recuerdo una regla que nos enseñó una maestra de bases de datos en UTT: KISS – Keep It Simple, Stu***. Fue divertido en su tiempo, pero refleja cómo, incluso en años de trabajo o experimentación con bases de datos, la gente tendía a complicar las cosas, probablemente por otras limitantes.
¿Hasta cuándo vamos a ser pasivos con nuestro trabajo? ¿Cuánto tiempo hay que esperar para madurar y tomar las riendas de nuestra capacidad para administrar nuestro tiempo y recursos?
Los invito hoy a dejar de lado esas diferencias y empezar a preguntarse: ¿lo que se está discutiendo en este code review o meeting es algo que, desde la raíz, es una limitante, o simplemente estamos cayendo en la Ley de Parkinson de la trivialidad?